El fútbol en Argentina: entre el sufrimiento, la resiliencia y la trascendencia social

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Ciudad De México, 09 de julio de 2026.- Los argentinos se toman muy en serio el fútbol, descrito como un problema ficticio al que les encanta entregarse, acaso porque representa uno de los pocos triunfos posibles para una porción del mundo donde el viento sopla en contra. Esta disciplina eleva a la patria en pantalones cortos a mucho más que un simple entretenimiento, convirtiéndose en un sentimiento y un sufrimiento que refleja a una sociedad que desde hace décadas surfea sobre múltiples crisis.

La relación con el deporte es tan intensa que las derrotas no son vistas como una posibilidad, sino como una plaga, y los fracasos derivan en un tribunal de justicia popular. El tema a veces deriva literalmente en una cuestión de vida o muerte: las oleadas de violencia en los estadios provocaron cientos de víctimas mortales desde finales de los años cincuenta. Incluso figuras consagradas como Lionel Messi, quien acumulaba 41 títulos, no podían escaparse de los contadores de carencias ajenas ni de los burladores con micrófono; necesitó ganar el Mundial de Qatar 2022 para que se terminaran sobre él las miradas acusatorias de una parte de los fanáticos.

La dinámica competitiva de la selección argentina revela una complejidad única. A la Albiceleste no basta con ganarle: hay que rematarla, pisarla y volver a ganarle para terminar de liquidar a una selección que tiene dentro de sí un gen construido con décadas de cultura futbolística, hecho de talento pero también de resiliencia ante la adversidad. Cuando al equipo de Scaloni no le alcanza para ganar, recurre a otra carta: que alguien le gane.

Esta capacidad de sufrimiento quedó patente recientemente. Cabo Verde en octavos de final y Egipto en cuartos tuvieron contra las cuerdas al campeón del mundo. Al final del taquicárdico triunfo ante Egipto, Messi, Lionel Scaloni y Enzo Fernández no se rieron ni bailaron, sino que se descargaron en llantos. El autobús de la Albiceleste había quedado al borde del precipicio y ellos, aunque ya se ganaron la inmortalidad en Qatar 2022, habían visto su propia caída.

En los tobillos de América, el fútbol nunca deja de ser un juego, pero es también una continuidad sobre el césped de una sociedad inestable. A veces Argentina juega para sobrevivir y otras sobrevive para seguir jugando. Argentina sabe jugar al fútbol, pero además sabe sufrir el fútbol, y eso no es para cualquiera. En este contexto, Argentina en 2026 parece agonizar, pero avanza a los tumbos.

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