Ciudad De México, 01 de junio de 2026.- La escritora Rosa Montero publicó este lunes una columna titulada ‘El blanco es de todos’, en la que defiende la adaptación del lenguaje a los cambios sociales para eliminar términos ofensivos, al tiempo que advierte sobre los excesos del dogmatismo.
Montero afirma que “la lengua no es neutra sino que se adapta como una piel al cuerpo social, reflejando todos sus valores y prejuicios”. Según la autora, es lógico que, a medida que la sociedad evoluciona, se exija que el idioma cambie para reflejar esa nueva realidad y dejar atrás expresiones que implican la supeditación de ciertos colectivos.
En su texto, la columnista menciona el libro ‘El club de las modernas’ de Eva Cosculluela para ilustrar cómo términos antes comunes, como ‘anormalistas’ para referirse a maestras de ciegos y sordos en la España de los años veinte, hoy resultan inaceptables. Montero señala: “Admitamos, en fin, que hoy resulta chirriante e infamante decir maricón como insulto, gitanear como sinónimo de robar, mongólico para definir a personas con síndrome de Down y tantas otras expresiones lastimosas”.
La escritora profundiza en el caso de la palabra “sordomudo”, la cual describe como un término “en franco retroceso pero que aún se oye”. Al respecto, explica: “No existen los sordomudos; existen las personas sordas de nacimiento que tienen más dificultades para aprender a hablar”. Para Montero, el uso de palabras ofensivas subyace a una historia de olvidos, desprotección y maltrato hacia los grupos afectados.
Sin embargo, Montero matiza su postura indicando que lo políticamente correcto “puede ser llevado hasta el disparate por gente cerrada, dogmática y cerril”, citando como ejemplo las tropelías correctoras donde se han expurgado y censurado libros clásicos.
La columna surge a raíz de un incidente reciente: hace unas semanas, Montero hizo un llamamiento a los hombres “de corazón blanco” para combatir la misoginia. Una amiga le informó que un joven chino conocido suyo se indignó por el uso del adjetivo “blanco”, pues “consideraba que eso era racismo” y sugirió que debió escribir “corazón bueno”.
