Por Redacción
Ciudad de Mexico, 17 de marzo de 2026.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, enfrenta un aislamiento diplomático tras el rechazo unánime de sus aliados europeos y de la OTAN a formar una coalición militar para desbloquear el estratégico estrecho de Ormuz, cerrado por Irán en represalia por ataques previos. En declaraciones y publicaciones en redes sociales entre el 16 y 17 de marzo, Trump presionó a sus socios, advirtiendo sobre un “futuro muy malo” para la Alianza Atlántica si no colaboran, pero simultáneamente afirmó que no los necesita, en una postura contradictoria que ha tensado las relaciones trasatlánticas.
La negativa fue tajante desde Bruselas y las capitales europeas. La alta representante de la Unión Europea para Política Exterior, Kaja Kallas, afirmó que “Europa no es parte de esta guerra” y que los objetivos políticos de la misma “no están claros”. Subrayó que el conflicto está “fuera del área de acción de la Alianza Atlántica” porque no hay países de la OTAN en el estrecho de Ormuz. Por su parte, el canciller alemán, Friedrich Merz, remarcó que la OTAN es “una alianza para la defensa” y no de intervención, recordando que ni Estados Unidos ni Israel consultaron a Berlín antes de lanzar los ataques que desencadenaron la crisis.
Trump, desde la Casa Blanca y a través de su cuenta en Truth Social, insistió en que los aliados europeos “lo necesitan [la reapertura] más que nosotros” y aseguró que hay naciones “en camino” listas para ayudar, aunque se negó a identificarlas. Esta afirmación contrasta con los reportes que indican el rechazo formal de países como Reino Unido, Francia, España, Italia, Grecia, Suecia y Dinamarca a enviar buques de guerra a la región. Incluso la posibilidad de ampliar el mandato de la misión naval europea Aspides fue descartada por falta de apetito entre los Estados miembros.
El bloqueo del estrecho, por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial y el 25% del gas natural licuado, ha disparado los precios de la energía y encendido las alarmas sobre un repunte inflacionario global. La crisis también tiene un severo impacto humanitario. El Programa Mundial de Alimentos advirtió que, de extenderse la guerra hasta junio, 45 millones de personas adicionales podrían caer en riesgo de hambre, mientras que los costos de las operaciones humanitarias ya se han encarecido un 18%.
El Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea se reunió para analizar alternativas, priorizando una solución diplomática. Algunas fuentes sugieren que la UE podría explorar acuerdos similares al de granos ucranianos para mitigar el impacto, pero reiteran su oposición a una intervención militar que pueda escalar el conflicto. Esta postura deja a Trump sin el respaldo multilateral que buscaba, forzándolo a reconsiderar sus opciones en una crisis que, según analistas, beneficia económicamente a Rusia y profundiza las grietas en la arquitectura de seguridad occidental.
